El Arte Feminista con su lema “lo personal es político” influyó en el Arte Activista por su reflexión sobre la dimensión pública de las experiencias privadas, al incorporar lo personal en la noción de arte político y la idea de que los acontecimientos locales, nacionales o internacionales afectan nuestras vidas. Pero, sobre todo, por considerar indispensable la colaboración con la comunidad con la que se colabora, para conseguir una mayor efectividad en aquellos proyectos que pretenden promover cambios sociales. Siendo un tipo de arte que, desde su origen, está relacionado con los movimientos en defensa de los derechos civiles de las mujeres.
Consideramos necesario en este punto reflexionar sobre el feminismo como movimiento social y político que surge del posicionamiento contra el patriarcado, por subordinar a las mujeres mediante los sistemas políticos, legales, culturales, religiosos y sociales a lo largo de la historia. Y ha marginado a aquellas personas que se alejan de los patrones establecidos. La transmisión de una historia de la humanidad escrita por hombres, donde prácticamente no aparecen las mujeres es una muestra más de opresión social que las relega a un papel secundario, al ámbito del hogar y la familia.
El feminismo como movimiento reivindicativo es polémico puesto que supone un cambio que afecta a la estructura misma de nuestra sociedad patriarcal. Cuando a finales de los sesenta y principios de los setenta este movimiento social y político entra en conexión con el arte provoca su transformación, gracias a la contribución de mujeres artistas que consideraban que el arte podía contribuir a propiciar cambios sociales. Es importante tener en cuenta que no existe un único arte feminista. Y, por otro lado, que este tipo de prácticas artísticas han influenciado el arte más significativo que se ha producido en las últimas tres décadas del SXX. Y esto se hace evidente, en la elección de los temas seleccionados por los y las artistas. Entre ellos, la construcción social de la identidad de género, la carga semiótica de la diferencia sexual o el papel de los medios de comunicación de masas como agente de socialización.
En 1969 se produjo una de las primeras reivindicaciones del feminismo en el arte cuando en la exposición anual del Whitney Museum se hizo evidente que eran minoría las mujeres artistas que participaban en la muestra. Este hecho provocó las acciones de un grupo de artistas que derivó en la creación de WAR (Women Artists in Resistence).
Las artistas feministas rechazaron los descubrimientos masculinos y pretendían encontrar sus aportaciones al mundo del arte resaltando los valores de la diferencia, revalorizando lo femenino y creando sus propias imágenes. Este planteamiento les llevó al redescubrimiento y apreciación de las artes decorativas y los oficios encasillados en el rol femenino. Por ejemplo, mientras Mirian Shapiro mezclaba diferentes formas de coser en sus collages denominados femmage, Judy Chicago que proviene del postminimalismo hacia performances con mujeres en la Escuela de Fresno donde realizaban lecturas, discusiones y representaciones de roles con los que aprendían de la vida real.
Chicago al igual que otras mujeres feministas recupera la artesanía y los saberes femeninos, utiliza la cerámica y el punto en sus obras. The Dinner Party es una reinterpretación de la Ultima Cena que simbolizaba las infinitas comidas realizadas por las mujeres a lo largo de la historia. En esta instalación tres largas mesas formaban un triángulo equilátero sobre un suelo compuesto por dos mil trescientas baldosas con el nombre de novecientas noventa y nueve mujeres anónimas que sirven de apoyo a otras ilustres invitadas a la mesa que son representadas por platos de cerámica decorados, manteles de lino, copas, cuberterías y servilletas. La obra hace un recorrido por la historia femenina desde la prehistoria hasta el siglo XX. Y tiene relación con la segunda ola feminista al recuperar los oficios femeninos, rescatar a algunas de las muchas mujeres olvidadas que han sido reubicadas con la creación de una historia feminista, Y por la asociación entre mujer y cuerpo al representar con esta forma triangular a la vagina.
Inmaculada López Liñán
“Valencia, ciudad globalizada: movimientos sociales, arte comprometido y activismo desde finales del siglo XX hasta la primera década del tercer milenio”. Universidad Politecnica de Valencia, Valencia 2016.




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